Con las principales economías desarrolladas todavía anémicas, 2011 volvió a ver el mundo en desarrollo a la vanguardia del crecimiento económico mundial. La demanda y la inversión china continuaron impulsando ganancias en América Latina y en el mundo, mientras Brasil sobrepasó a Gran Bretaña como la sexta economía por orden de importancia. África, por largo tiempo espectadora del progreso económico, creció en promedio a una tasa del 5%, con algunas economías nacionales duplicando esa cifra. La diferencia fue marcada.

 

E l 2011 fue también un año de indicadores contradictorios. Un estudio reciente del Banco Mundial muestra que las tasas de pobreza han disminuido en todo el mundo en las últimas dos décadas, alcanzando ya el Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM) de reducir a la mitad la pobreza para el año 2015. Otro ODM alcanzado en el 2011, según la Organización Mundial de la Salud, es el acceso al agua potable, que ha alcanzado el 89% en todo el mundo. La alfabetización ha superado el 80%, y casi el 70% de las personas en el mundo pueden ahora comunicarse por teléfono celular. Estos son logros de la humanidad dignos de celebrar.

Pero, al mismo tiempo, las emisiones globales de gases de efecto invernadero también alcanzaron un récord, superando las peores previsiones, mientras aumentó la presión sobre los recursos naturales y la biodiversidad. Con pocas excepciones, la desigualdad de ingresos creció en todo el planeta, así como las tasas de consumo de insumos energéticos y no renovables. El hábitat y reservas naturales continuaron retrocediendo y los indicadores muestran que el cambio climático está sucediendo incluso a un ritmo mayor que lo predicho en las estimaciones más pesimistas.

Y no es sólo en la naturaleza que vemos señales de desequilibrio. Los manifestantes salieron a las calles desde el Norte de África hasta Moscú, desde Chile hasta Wall Street. La presión popular por poner fin a la dictadura, o para ampliar el acceso a las oportunidades abrió una brecha en la superficie de nuestro mundo digital globalizado, donde puede tener un efecto bola de nieve impredecible. Muchos tienen la sospecha subyacente de que los sistemas existentes están para consolidar el privilegio de unos pocos en lugar de promover el bien común, y que el futuro de nuestros hijos está siendo hipotecado en este proceso.

En este contexto cabe preguntarse, ¿será en vano hablar de sostenibilidad? Conforme se acerca el vigésimo aniversario de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, hay una creciente percepción de que, si bien hemos avanzado en varios frentes, hemos fracasado en hacer que esos avances sean sostenibles. Ni siquiera estamos ya seguros de lo que el término “sostenible” significa. ¿Es sostenible el crecimiento económico? ¿Qué niveles globales de consumo pueden soportar nuestros sistemas naturales? ¿Qué prioridades de desarrollo son más urgentes? y ¿no será el desarrollo en sí un concepto anticuado? El único punto de la agenda en el que aparentemente estamos de acuerdo es la necesidad de cambio, pero hay poco acuerdo sobre qué hay que cambiar y cómo debería ser este cambio. Con estos desacuerdos fundamentales, será difícil para la ONU mostrar progreso en la conferencia de Río +20 este año.

En Avina prevemos que los próximos años no van a resolver, sino más bien intensificar las contradicciones que vemos hoy: la escasez en medio de la aparente abundancia, mejoras tecnológicas en medio de pérdidas de sistemas naturales y de biodiversidad, y mayor número de personas conectadas y participando en el diálogo global aun cuando intereses mezquinos se esfuerzan por aumentar su permanencia en el poder. Y alrededor nuestro, el planeta se está calentando y no podemos predecir cómo afectará esto a la sociedad y a los sistemas naturales de los que dependemos. ¿Qué podemos hacer al respecto?

Mucho. Los desafíos son complejos. Las soluciones deberán involucrar a diversas coaliciones que incorporen perspectivas múltiples y nuevas agendas que promuevan la innovación y la unidad en torno a objetivos compartidos. Tendremos que aprender nuevas maneras de trabajar cruzando fronteras y entre distintos sectores, buscar un terreno común con opositores, y por supuesto, vamos a tener que adaptarnos y encontrar formas más efectivas de operar y hacer negocios. Estas son precisamente las áreas en las que Avina y sus aliados ponen su mayor energía. Me complace informar que el 2011 vio muchos avances, algunos de los cuales se encuentran en este Informe Anual. Mencionaré brevemente tres que apuntan a cuellos de botella a nivel mundial, regional y local.

Está claro que el Producto Interno Bruto es un indicador insuficiente del bienestar de un país. Existe un amplio consenso internacional de que necesitamos nuevas medidas de progreso más allá de los indicadores económicos empleados por las naciones. En el 2011, varios líderes de pensamiento y varias instituciones, incluida Avina, decidieron ofrecer alternativas. El Índice de Progreso Social Mundial (GSPI por sus siglas en inglés) intenta satisfacer la necesidad de medidas no económicas que reflejen una comprensión más amplia del bienestar humano, incluyendo indicadores para la salud, la seguridad, la educación, el conocimiento, el medio ambiente y de oportunidades. El GSPI identificará cuándo un país ha alcanzado un alto nivel de progreso social y dónde es necesaria la acción para encontrar nuevas maneras de resolver problemas persistentes. Mejorará la capacidad de los líderes para enfocar sus esfuerzos e inversiones en las políticas que tengan la mayor contribución para mejorar la vida de forma sostenible. Los datos iniciales establecidos para el GSPI se desarrollarán en 40 países en el 2012, y serán lanzados al año siguiente. Nuestro objetivo es ayudar a identificar la métrica correcta, de modo que podamos trabajar por lo apropiado.

En el 2011, la civilización humana cruzó un umbral y se convirtió predominantemente en urbana. En las próximas décadas nuestras ciudades añadirán 3 mil millones de personas más, al tiempo que la población rural comienza a disminuir en todo el mundo. Las ciudades en que vivimos proporcionarán la solución a nuestra sostenibilidad o representarán su principal obstáculo. América Latina es la región más urbanizada del mundo en desarrollo, en la actualidad al 78%. Avina es una de las organizaciones que trabaja para hacer que las ciudades latinoamericanas sean parte de la solución de la sostenibilidad. Nuestros aliados forman una red creciente de movimientos ciudadanos en más de 50 ciudades en toda la región, desde México hasta Argentina, todos en busca de construir plataformas incluyentes para la movilización de diversos sectores de sus comunidades. Los grupos están definiendo activamente indicadores de calidad de vida y metas para que el gobierno de las ciudades sea participativo, transparente y responsable. Fue este tipo de movilización ciudadana que tuvo éxito en el cambio de ordenanzas en Río de Janeiro y Córdoba durante el pasado año. Las alcaldías de estas y otras ciudades requieren ahora contar con un plan de administración con metas claras para el monitoreo de resultados. Avina está comprometida en el aprendizaje con la red de ciudades sostenibles, especialmente con respecto a cómo la acción y la participación ciudadana pueden conducir a una mejor calidad de vida para todos los habitantes.

A pesar de la abundancia de agua dulce en América Latina, la más alta en el mundo, 40 millones de personas en la región aún carecen de acceso al agua potable. Resulta que la falta de acceso tiene tanto que ver con la desigualdad social como con la hidrología. Aunque el acceso ha sido reconocido como un derecho humano fundamental por la ONU, por lo menos 40 millones de personas en la región, en su mayoría rurales, proporcionan su propia agua potable y saneamiento en la ausencia de proveedores públicos o privados. A pesar de su importante papel, estas organizaciones de gestión comunitaria a menudo existen en un limbo legal, con poca oportunidad para mejorar la infraestructura, proveer capacitación y obtener financiación. Es por ello que nos sentimos alentados cuando seiscientos líderes comunitarios del agua de 12 países diferentes de América Latina se reunieron en Cusco en el 2011 por invitación de Avina y otros asociados. Los líderes compartieron sus desafíos y buenas prácticas, formando una red regional para prestarse apoyo mutuo y aumentar su visibilidad. Uno de sus objetivos es llegar a ser una voz reconocida en la política del agua y la toma de decisiones en sus países de origen, para mejorar los servicios del agua y ampliar su cobertura a las miles de comunidades más difíciles de alcanzar en el continente.

Estos no son más que algunos ejemplos de cómo los latinoamericanos están tomando la delantera en el trabajo de construir soluciones a los desafíos mundiales, regionales y locales. El mundo está observando cada vez más a los países en desarrollo por su liderazgo e innovación, y en Avina estamos convencidos de que América Latina tiene un papel vital que desempeñar. Me siento orgulloso de presidir el consejo de una fundación latinoamericana con la premisa de que esta región es capaz de contribuir con modelos sostenibles para mejorar el bienestar, tanto en la región como en el mundo. Para ser eficaces, sabemos que debemos unir fuerzas con una coalición variada de individuos e instituciones, tanto dentro como fuera de la región, llegando más allá de fronteras, sectores y culturas.

Me gustaría dar las gracias a mis compañeros del consejo directivo por su continuo papel en la construcción de Avina como institución. También quiero reconocer el arduo trabajo del equipo de Avina en toda América Latina, su profesionalidad y el logro de resultados alentadores. Por supuesto, no logramos nada en Avina sin los socios, aliados y coinversores con quienes colaboramos y aprendemos. Nos sentimos honrados de trabajar con ellos. Y, por último, me gustaría ofrecer nuestro agradecimiento a VIVA Trust por su apoyo constante, y a nuestro fundador, Stephan Schmidheiny, por su compromiso con América Latina y por la visión y los valores que inculcó en nuestra institución y que nos han servido, y siguen siempre sirviéndonos, de guía e inspiración.


Brizio Biondi-Morra
Presidente del Consejo Directivo

 

Brizio Biondi-Morra

 

El mundo está observando cada vez más a los países en desarrollo por su liderazgo e innovación, y en Avina estamos convencidos de que América Latina tiene un papel vital que desempeñar.